¿Sabías que Reconquista está fundada sobre las ruinas de una reducción abipón?
Toda América colonial está fundada sobre las ruinas indígenas. En el norte de Santa Fe el imperio español, por medio de los jesuitas, que fundaron la reducción de San Jerónimo del Rey, en 1748 en acuerdo con una parcialidad abipón — el único bastión español que existió en la región.
Sobre esas mismas ruinas, más de un siglo después, el Coronel Obligado fundó la ciudad que hoy conocemos como Reconquista. Un dato poco presente cuando se camina por sus calles.
San Jerónimo del Rey: un santo, una lengua, un pueblo
Eusebio Hierónimo —el hombre detrás de San Jerónimo— nació en Estridón, una ciudad destruida por los godos en el año 379 de nuestra era. Tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín, y ese trabajo lo convirtió en uno de los Padres de la Iglesia. Los jesuitas, siglos después, siguieron su ejemplo en América: tradujeron los textos sagrados a la lengua guaraní para poder evangelizar.
En 1748, ese mismo impulso los llevó a fundar la reducción de San Jerónimo del Rey — el primer asentamiento jesuita en territorio abipón, a orillas del arroyo que sus primeros habitantes llamaban Ichimaye, "río de las calabazas". Los abipones pertenecían a la familia guaycurú y fueron, según los propios investigadores, los más esquivos a la conquista occidental. Esta reducción fue una de las pocas excepciones en donde la evangelización logró, al menos por un tiempo, un "acuerdo de convivencia".
Cuando los jesuitas se fueron, el pueblo siguió
La expulsión de los jesuitas en 1767, ordenada por Carlos III de España, puso en crisis toda la tarea evangelizadora y la propia reducción. Otras órdenes religiosas —mercedarios, franciscanos— llegaron a intentar retomar la misión, pero ninguna logró sostener aquel precario equilibrio como lo habían hecho los jesuitas. Cuando también ellas se retiraron, fueron los propios abipones quienes quedaron a cargo del asentamiento — una experiencia que algunos investigadores señalan como un caso "temprano de autogobierno indígena" que, sin embargo, duró poco tiempo.
En 1818, una fracción de la etnia qom arrasó San Jerónimo del Rey — así como los godos habían hecho con Estridón. Los abipones sobrevivientes cruzaron el Paraná con la imagen de su santo y se instalaron en la zona de Santa Lucía de la provincia de Corrientes.
El regreso
En 1825, ocho años después de la destrucción, unos 500 abipones volvieron a cruzar el río. Negociaron un lugar con el gobierno del Brigadier Estanislao López y se establecieron en un paraje llamado El Sauce. Ahí fundaron San Jerónimo del Sauce — el último bastión abipón que tuvo la provincia de Santa Fe.
Apellidos como Añorique, Algarañaz, Briquera, Beñarí, Chorichí, Ichilín, Quinarí y Soriquín —junto a otros ya más castellanizados, como Santillán, Casco, Ríos, Orellano, Torres, Leiva o Mansilla— fueron los primeros en darle vida al nuevo pueblo, que funcionó durante años como barrera de contención frente a los llamados "indios montaraces": aquellos que se mantenían al margen de cualquier intento de sometimiento.
El regreso final
Cuando en 1872 el Coronel Obligado llegó al Arroyo El Rey a fundar lo que hoy es Reconquista, no vino solo con soldados criollos. De los cien hombres que lo acompañaban, setenta y cuatro pertenecían al Regimiento de los Lanceros del Sauce — abipones reclutados en San Jerónimo del Sauce, muchos de ellos descendientes directos de quienes habían tenido que abandonar ese mismo lugar en 1818. Volvían, cincuenta y cuatro años después, a su antiguo emplazamiento — solo que esta vez no como fundadores de una reducción propia, sino como parte de la fuerza que fundaba, sobre esas mismas ruinas ¿una ciudad que ya no sería suya?
Es un nervio más del entramado histórico del norte santafesino: una historia que en apariencia ya no existe, pero que está ahí, para quien quiera verla. Un pueblo que pasó de una reducción a otra, de los enfrentamientos a la resignación, del avasallamiento cultural a la supervivencia con un santo como bandera.
¿Qué quedó de todo eso?
Bibliografía:
Revista Añamembui. Cuarta edición. 2024.

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