Ana, el nombre que un pueblo hizo suyo
En la historia de Villa Ana, el nombre propio nació ligado a la explotación del Quebracho Colorado. En 1909 Lorenzo Gûller, por cuenta de La Forestal, incursionó en la zona que por ese entonces se llamaba Campo Redondo, en busca de agua potable para instalar una fábrica de tanino. Según la historiadora Ana María Galibert, las obras empezaron el 9 de julio de 1910 y once meses después, en mayo de 1911, la fábrica comenzó a funcionar. Pero detrás de esa fachada industrial había una historia mucho más íntima: el nombre Villa Ana responde al nombre de Ana Walter, esposa de uno de los empresarios fundadores, Alberto Harteneck. En ese principio, el nombre tenía un rostro único y una historia privada que marcaba una presencia. Sin embargo, los nombres propios poseen una vida secreta que escapa a la voluntad de quienes los imponen. En La invención de lo cotidiano, Michel de Certeau analiza cómo los nombres de los lugares operan...