El Hachero: corazón de la explotación del Quebracho
El historiador Gastón Gori solía decir que el corazón de la explotación del quebracho colorado se encontraba donde empezaba el proceso industrial del tanino: el monte. Allí se componía la clase obrajera, en la cual el hachero fue su figura mayoritaria y representativa. Sin el esfuerzo físico del hachero internándose en el monte, sostenía Gori, no existía materia prima para abastecer a las grandes fábricas de tanino ni madera para los durmientes ferroviarios. La palabra obrajera viene de "obraje", que era el centro en el cual giraban los operarios del monte, como el hachero, el carrero, el guinchero, el boyero, el balancero y otros más, cada uno con su función y su propia estratificación laboral.
En el inmenso territorio de La Forestal, toda la cadena de producción del tanino tenía tres eslabones. Del monte se extraía el quebracho colorado: allí estaba la clase obrajera. En las fábricas se producía el tanino: allí estaba la clase obrera, mucho menos numerosa que los obrajeros y con un oficio dentro del centro urbano. Y por encima de las dos, la clase jerárquica, que representaba un mínimo porcentaje, integrada por administradores, químicos, jefes de área y los mismos gerentes que gobernaban cada localidad.
Dicen los historiadores David Quarín y Ramírez que "la vida del obrajero era la más postergada y restringida social y económicamente; desde una estancia seminómade en el monte, de carencias notorias; en viviendas, variedad de alimentos y educación y expuesta totalmente a los accidentes y a los rigores del ámbito natural en el que vivían y trabajaban".
De los gerentes ingleses, de los grandes números de exportación, de las huelgas y la masacre ya se ha escrito bastante. De la vida cotidiana del hachero, del carrero, del guinchero —de los nombres propios detrás de esas categorías— queda mucho menos. No es casualidad: son, por definición, las vidas que el propio sistema productivo de La Forestal volvió más difíciles de rastrear.
Diversas investigaciones históricas, entre las que se destacan los trabajos del periodista Carlos Del Frade, coinciden en que la "vida útil" de un hachero promediaba los 35 y 40 años, por el desgaste físico extremo, la mala alimentación y la casi nula asistencia médica —llegando a decirse que "la vida del hachero servía mientras la empresa podía disponer de su fuerza de trabajo".
Su historia quedó marginada de los libros. Sus nombres forman parte de ese pasado oculto y resistido. Preguntarnos quiénes eran es un ejercicio revolucionario.
QUARÍN, David, RAMÍREZ César. Los trabajadores de La Forestal. Edicion 4.
DEL FRADE, Carlos. La Forestal: Explotación y saqueo, una historia que continua. Ediciones de la Cortada (2020).
JASINSKI, Alejandro. Revuelta Obrera y Masacre en La Forestal (2013).
SÁNCHEZ, Luciano. La Forestal recorre el norte. Revista Añamembui. 2016.
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