El ecocidio del norte de Santa Fe: 30 millones de quebrachos colorados para la industria del tanino
De La Forestal se suele contar la parte de la explotación del trabajo: los pueblos forestales, la huelga de 1919, la masacre de 1921. Pero hay otra explotación que corrió en paralelo, menos visible porque no dejó testimonios que pudieran declarar, y que también fue el sustento de todo el negocio: la del propio monte.
El número que resume todo
El historiador ambiental Adrián Zarrilli, en su investigación sobre el norte santafesino, calculó que hacia mediados de la década de 1940 la industria del tanino ya había consumido unos 30 millones de árboles, equivalentes a 2.500.000 hectáreas de bosque de quebracho colorado. Y si se suma todo lo que se usó en los aproximadamente 75 años de explotación taninera de la región —tanino, durmientes de ferrocarril, leña y carbón, con La Forestal como actor dominante pero no único— el total ronda las 350 millones de toneladas, una cifra que, según el propio Zarrilli, equivale en promedio a la totalidad del stock histórico de esa especie en la región.
No es que el quebracho colorado se haya extinguido como especie —todavía existe, aunque hoy con una población seriamente reducida en toda su área de distribución—. Lo que se agotó fue el stock de la región: se sacó, en siete décadas, el equivalente a todo lo que el monte santafesino había acumulado a lo largo de siglos.
Un árbol que no perdona el apuro
El quebracho colorado no es un recurso que se recupere fácilmente. Es una madera de crecimiento extremadamente lento, tan densa que apenas flota en el agua —de ahí "quebracho": quiebra el hacha—. Un árbol de porte comercial podía tener siglos de crecimiento detrás. La Forestal no operaba con un recurso renovable a la velocidad de su propia demanda: operaba con un capital natural acumulado que, una vez gastado, no había forma rápida de reponer.
El historiador De Estrada resumió el proceso completo con una frase que funciona como síntesis de toda la etapa: el camino del monte al desmonte. La región pasó de ser una de las mayores reservas de quebracho colorado del mundo a un territorio de bosques diezmados, en el lapso de una vida humana.
Un negocio que se comió su propia base
La lógica productiva de La Forestal explica por qué el ritmo de tala fue el que fue. La empresa no gestionaba el bosque como un recurso a cuidar en el tiempo: lo trataba como una mina a explotar hasta agotarla. Se avanzaba sobre el monte, se extraía todo lo aprovechable de cada zona, y se avanzaba hacia la siguiente, dejando atrás un paisaje devastado y comunidades enteras que dependían de esa explotación para seguir existiendo.
Cuando el recurso empezó a escasear, hacia mediados del siglo XX, la empresa no tenía delante otra costa a la cual mudarse dentro del país: la reestructuración tecnológica, el cambio en los mercados globales del tanino y el agotamiento del propio bosque llegaron juntos. La combinación de esos factores —no uno solo— fue lo que empujó a La Forestal a iniciar su repliegue hacia otros continentes, cerrando fábricas y dejando pueblos enteros sin la única fuente de trabajo que habían conocido en generaciones.
*Luciano Sánchez-Morzán.
Bibliografia:
Zarrilli, A. (2018). El bosque perdido. Una historia ambiental del Norte santafesino (1890-2010). En M. Brac (Comp.), El norte forestal. Estudios sobre el territorio santafesino. Consejo Federal de Inversiones.
Zarrilli, A. (2008). El oro rojo. La industria del tanino en la Argentina. Silva Lusitana, 16(2), 239-259.
De Estrada, M. (2018). El camino del monte al desmonte: recorrido por la historia ambiental del Chaco Gualamba. En M. Brac (Comp.), El norte forestal. Estudios sobre el territorio santafesino. Consejo Federal de Inversiones.
* Licenciado en Historia. Historiador del Norte de Santa Fe. Director de la revista y blog de la Añamembui.
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